
Cuando se deja de jerarquizar la metáfora se manifiesta en todo su esplendor. Abandonados al surrealismo percibimos con otros sentidos más primarios, sin ideas preconcebidas acerca de lo que una obra nos cuenta, y nos dejamos llevar por lo que nos transmite. Un ejemplo es "Historia del ojo" de Bataille, un librito que me ha dejado mi compañera y me ha impresionado bastante.
Pocas veces y sólo con una persona he podido compartir esto de las metáforas esplendidas. No puedo ni siquiera recordar el momento concreto, ni si la obra existía o nos surgió. Sólo queda un poso de la sensación, pero desaparece de la memoria la situación. Esa persona que no necesita ser nombrada porque sabe quien es, ahora está lejos en el tiempo y en el espacio, pero no en otras dimensiones.
"A veces podemos pasarnos años sin vivir en absoluto y de pronto toda nuestra vida se concentra en un solo instante". Oscar Wilde.
Lo importante son esos instantes plenos. Lo demás se vive como una dilatación vital. Esas concentraciones cósmicas suceden pocas veces en la vida. Y sé que cada uno tiene el poder y la libertad de atraer esos momentos. Pero claro, esa búsquda de lo sublime implica valentía y riesgo.
Leeremos Historia del ojo.



